Literatura hispanoamericana

La literatura hispanoamericana es el conjunto de las tradiciones literarias de los países hispanoamericanos, es decir, de aquellas naciones americanas que fueron colonia del Imperio español entre los siglos XVI y XIX, y en las que se habla mayormente la lengua española.

Los países hispanoamericanos son: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela.

No se debe confundir el término hispanoamericano con latinoamericano, ya que en este último se incluyen los países de habla portuguesa (como Brasil) y a menudo francesa (como Haití).

En tan solo cinco siglos de historia, la literatura hispanoamericana ha desarrollado una enorme variedad temática y estilística que le ha ganado un lugar destacado en el panorama internacional de las letras. Aun así, se trata de un conjunto muy amplio y variado de textos, que abarca los géneros tradicionales de la poesía, la dramaturgia, la novela y el cuento, así como manifestaciones más difíciles de clasificar, como el microrrelato, la crónica y el aforismo.

En general, la literatura hispanoamericana ha tenido dos momentos de gran importancia internacional: uno en el siglo XIX, durante el auge de la poesía modernista, cuyo máximo exponente fue el nicaragüense Rubén Darío (1867-1916); y otro en el siglo XX, centrado en la narrativa, durante el llamado “boom latinoamericano” que protagonizaron autores como el peruano Mario Vargas Llosa (1936-), el colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014) o el mexicano Carlos Fuentes (1928-2012).

Las letras hispanoamericanas, además, cuentan con cinco ganadores del Premio Nobel de Literatura: los chilenos Gabriela Mistral (1889-1957) y Pablo Neruda (1904-1973), el mexicano Octavio Paz (1914-1998) y los ya mencionados García Márquez y Vargas Llosa. Y, asimismo, con autores de renombre global como el argentino Jorge Luis Borges (1899-1986).

Características de la literatura hispanoamericana

Resulta complicado tratar de abarcar el total de las letras hispanoamericanas, dada su vastedad y diversidad. Aun así, a muy grandes rasgos se las puede caracterizar de la siguiente manera:

  • Sus obras están escritas en español, empleando los distintos dialectos americanos que existen. Esto significa que puede haber diferencias lexicales, sintácticas y de sonoridad entre las obras literarias, pero aun así resultan comprensibles para un lector hispano.
  • Es heterogénea por naturaleza, pues refleja el complejo cruce de culturas que caracteriza al continente. En ella tienen cabida temas y voces indígenas, africanas y europeas, fusionadas en una cultura criolla.
  • En la actualidad, es principalmente urbana, o sea, escoge la ciudad como el escenario de sus ficciones. Esta tendencia se hizo mayoritaria a partir del siglo XX, pues los autores del XIX le escribían a la naturaleza del continente, entendida como una fuerza terrible y hermosa que debía ser domesticada.
  • Intenta retratar la compleja realidad del continente, generalmente en términos políticos y sociales. Hispanoamérica tiene una larga tradición de escritores comprometidos, es decir, autores en cuyas obras denuncian las inequidades y los sufrimientos de la vida cotidiana. Pero existen, también, autores que escapan por completo a esta tendencia.
  • No se rige por los tiempos literarios europeos, a pesar de ser una literatura occidental. Esto significa que los grandes movimientos literarios de Occidente no se dan del mismo modo en Hispanoamérica: algunos llegan con retraso, mientras que otros surgen de manera adelantada.
  • No existe demasiado diálogo entre la literatura nacional de un país y la de otro, sino que cada una surge más o menos aisladamente. Sin embargo, ciertos países ejercen una mayor influencia literaria en el resto de Hispanoamérica, como es el caso de Argentina, Cuba, México y Chile.

Etapas de la literatura hispanoamericana

Si bien cada nación hispanoamericana tiene una historia literaria propia, es posible identificar ciertas tendencias generales en la historia de la literatura del continente, que obedecen a las siguientes etapas:

La etapa precolombina y de la conquista (previa al siglo XVII)

Los pueblos originarios de América carecían de un alfabeto fonético como el hispano, y representaban sus mitos y tradiciones mediante un complejo sistema de glifos. Este es el caso, sobre todo, de los pueblos mayas, de quienes muchos textos aún sobreviven, como el Popol Vuh, los Anales de los Cakchiqueles o el Título de los Señores de Totonicapán. Estos textos antiguos se preservaron tras la conquista (siglo XVI) gracias al esfuerzo de los propios mayas por traducirlos al lenguaje de los conquistadores europeos, ya que la escritura maya se perdió del todo. 

En otros casos, la tradición literaria de los conquistados se perdió por completo, debido a que muchos de estos pueblos carecían de un sistema de grafía, y transmitían sus mitos y relatos oralmente. Lo que sobrevive de ellos es fruto de la labor de reconstrucción que llevaron adelante escritores y sacerdotes criollos y europeos durante la colonia.

También es importante mencionar las llamadas “crónicas de Indias”, o sea, textos históricos (aunque a ratos bordean la ficción) en los que se relata desde el punto de vista europeo la llegada de los primeros exploradores a América, el encuentro con los pueblos aborígenes y su posterior sometimiento durante la guerra de conquista. Muchos de estos textos fueron escritos por los propios navegantes y conquistadores, como Cristóbal Colón, Américo Vespucio y Hernán Cortés, mientras que otros fueron obra de frailes y sacerdotes que los acompañaron, como es el caso de Bartolomé de las Casas. En algunas raras excepciones, fueron obra de cronistas aborígenes, como el inca Felipe Guamán de Poma de Ayala.

La etapa colonial (del siglo XVII al XIX)

Bajo el orden colonial europeo, nació propiamente una literatura hispanoamericana. Esto se dio de la mano de autores españoles que se instalaron en el Nuevo Continente, especialmente en la Nueva España, como se llamaba a la ahora Ciudad de México.

De hecho, poetas de renombre en la península española como Gutierre de Cetina y Diego Hurtado de Mendoza, o prosistas españoles como Mateo Alemán, vivieron en lo que hoy es Ciudad de México. Allí se escribieron textos como el extenso poema Grandeza mexicana (1604), donde se celebra la belleza y el exotismo de la antigua capital del Imperio azteca.

Sin embargo, conforme se imponía el nuevo orden y nacía una nueva cultura criolla y mestiza, surgieron también nuevos autores capaces de mirar el continente con ojos locales. El más importante de ellos fue El Inca Garcilaso de la Vega, hijo de un conquistador español y una mujer perteneciente a la nobleza incaica, y considerado el primer autor hispanoamericano propiamente dicho.

Por otro lado, el estilo literario barroco de España fue heredado por las sociedades coloniales americanas, especialmente en los virreinatos de Nueva España y del Perú. Sin embargo, este estilo barroco fue una adaptación local que pronto se conoció como “Barroco de Indias”, y se considera el primer estilo literario y artístico hispanoamericano.

Fuertemente influenciado por la poesía de Luis de Góngora, el Barroco de Indias engendró autores como Hernando Domínguez Camargo, jesuita nacido en Bogotá, o la importante figura de Sor Juana Inés de la Cruz, poeta y precursora feminista nacida en México, considerada una exponente americana del Siglo de Oro de la literatura en español. Mucha de esta literatura tenía un marcado tono religioso, por debajo del cual se vislumbraba la sátira, el erotismo y la protesta.

La etapa independiente (siglo XIX)

La formación europea (especialmente francesa) de los jóvenes de la élite colonial permitió la llegada temprana del Romanticismo a Hispanoamérica. Esto engendró una tradición de poetas que cantaban a la naturaleza indómita del continente, como el venezolano Andrés Bello, el ecuatoriano José Joaquín de Olmedo y el argentino Esteban Echeverría.

Esa misma postura romántica resonó en los discursos independentistas nacidos durante la crisis colonial. La Guerra de independencia hispanoamericana se extendió durante buena parte del siglo XIX y trajo consigo la necesidad de cantos patrióticos, odas libertarias y una nueva literatura para imaginar a la patria naciente. Los escritos del Libertador de América, el venezolano Simón Bolívar, son un fiel reflejo de ello: una mezcla de reflexión política y filosófica, y oda fervorosa a un proyecto posible de nación común suramericana. 

Sin embargo, en el panorama de las nuevas naciones independientes, el yugo colonial pronto se vio reemplazado por despotismos domésticos, y muchos escritores experimentaron el exilio y la persecución. En ese contexto de guerra civil, surgió en las letras criollas la oposición teórica entre civilización y barbarie, tal y como se expresa en el Facundo del argentino Domingo Faustino Sarmiento.

Con ese mismo espíritu, a mediados del siglo XIX, surgió el realismo en las letras hispanoamericanas, engendrando la necesidad de retratar el joven continente. Los cuadros de costumbres y la descripción de la usanza local se hicieron abundantes, y se escribieron obras de importancia como El gaucho Martín Fierro del argentino José Hernández, o Tradiciones peruanas de Ricardo Palma.

El fin de siglo, no obstante, presenció el nacimiento de un movimiento literario hispanoamericano: el modernismo, inaugurado por el nicaragüense Rubén Darío y su poemario Azul. Heredero del simbolismo francés, el modernismo se conoció como “La vuelta de las carabelas”, pues su importancia literaria en el mundo hispano fue tan grande, que España por primera vez seguía la pauta de sus antiguas colonias. Otros grandes nombres de la poesía modernista fueron el colombiano José Asunción Silva, el cubano José Martí y el mexicano Amado Nervo.

La etapa vanguardista (siglo XX)

El declive del modernismo a comienzos del siglo XX dio paso a las vanguardias, inspiradas en su mayoría en los movimientos estéticos rupturistas que sacudían a Europa, como el surrealismo y el dadaísmo. Así surgieron en Hispanoamérica grandes poetas de obra estéticamente (y a menudo políticamente) revolucionaria, como fueron los chilenos Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Pablo Neruda, los cubanos Nicolás Guillén y José Lezama Lima, el nicaragüense Ernesto Cardenal o los argentinos Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo, entre otros.

El salto hacia la modernidad de la prosa hispanoamericana también tuvo lugar a inicios del siglo XX, en el marco de los eventos de la Revolución mexicana (1910-1920). Así, una de las primeras novelas modernas hispanoamericanas fue Los de abajo del mexicano Mariano Azuela, libro que marcó la tendencia de la literatura mexicana durante buena parte del siglo.

En el resto del continente, en cambio, dominó la llamada novela de la tierra o novela criollista, esto es, la novela con “color local”, que representaba la lucha por domesticar la naturaleza (la del entorno rural y la del interior de los personajes). Entre ellas destacan Doña Bárbara del venezolano Rómulo Gallegos, La vorágine del colombiano José Eustasio Rivera y Don Segundo Sombra del argentino Ricardo Güiraldes.

Del impulso por incorporar las contradicciones y los secretos de la cultura hispanoamericana surgió, en la segunda mitad del siglo, el llamado “real maravilloso” del cubano Alejo Carpentier, posteriormente denominado “realismo mágico”. Este fue un movimiento clave en la historia contemporánea de la literatura hispanoamericana, pues se trató del primer intento por congeniar dos aspectos irreconciliables de la cultura hispanoamericana: la cultura letrada y las culturas populares. Un intento, dicho de otro modo, por superar la dicotomía entre civilización y barbarie.

En las décadas de 1960 y 1970, sin embargo, la literatura hispanoamericana tuvo un momento estelar: el llamado “boom latinoamericano”. Se trató de un conjunto de autores de renombre, que tuvieron un éxito internacional sin precedentes, en una Europa asediada por movimientos políticos reaccionarios. Entre ellos figuran el argentino Julio Cortázar, el mexicano Juan Rulfo, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el cubano Guillermo Cabrera Infante, el chileno José Donoso, el uruguayo Juan Carlos Onetti, el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa.

Los relatos de las novelas de este boom se caracterizaron por tener lugar en América Latina y por ser contados a través de técnicas novedosas, tomadas en préstamo del cine y de la literatura estadounidense (especialmente de autores como Willliam Faulkner, Ernest Hemingway, John Dos Passos). Su marca en la literatura en español fue tan profunda, que los movimientos posteriores (la literatura “post-boom”) le hicieron una abierta oposición tanto estética como política. Entre ellos figuran movimientos como la literatura del crack en México y el grupo McOndo en Sudamérica y España.

Autores y obras principales de la literatura hispanoamericana

Algunos de los autores y las obras más relevantes de la historia de la literatura hispanoamericana son los siguientes:

AutorGéneroObras más relevantes
El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)crónicaComentarios reales de los incas (1609) Historia general del Perú (1617)
Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)poesía, ensayoPrimero sueño (1692) Respuesta a sor Filotea (1691)
José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827)novelaEl periquillo sarniento (1816) La quijotita y su prima (1819)
Andrés Bello (1781-1865)poesía, ensayoSilva a la agricultura de la zona tórrida (1826) Gramática de la lengua castellana (1847)
Esteban Echeverría (1805-1851)poesía, cuentoLa cautiva (1837) El matadero (1871)
Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888)novelaFacundo o civilización y barbarie (1845)  
José Hernández (1834-1886)poesíaEl gaucho Martín Fierro (1872)
Jorge Isaacs (1837-1895)novelaMaría (1867)
Rubén Darío (1867-1916)poesíaRimas (1887) Azul… (1890) Cantos de vida y esperanza (1905)
José Martí (1853-1895)crónica, poesíaNuestra América (1881) Versos libres(1913)
José Asunción Silva (1865-1896)poesíaNocturno III (1891) De la noche a la mañana (1899)
Amado Nervo (1870-1919)poesíaPerlas negras (1898) Los jardines interiores (1905)
Rómulo Gallegos (1884-1969)novelaDoña Bárbara (1929) Cantaclaro (1934) Canaima (1935)
Ricardo Güiraldes (1886-1927)novelaDon Segundo Sombra (1926)  
José Eustasio Rivera (1888-1928)poesía, novelaTierra de promisión (1921) La vorágine (1924)
Gabriela Mistral (1889-1957)poesíaDesolación (1922) Tala (1938)
César Vallejo (1892-1938)poesíaLos heraldos negros (1918) Trilce (1922) España, aparta de mí ese cáliz (1939)
Vicente Huidobro (1893-1948)poesíaAltazor o el viaje en paracaídas (1931)
Jorge Luis Borges (1899-1986)poesía, cuentoFervor de Buenos Aires (1923) Historia universal de la infamia (1935) El aleph (1949) Ficciones (1944)
Miguel Ángel Asturias (1899-1974)novelaEl señor presidente (1946) Hombres de maíz (1949)
Nicolás Guillén (1902-1989)poesíaMotivos de son (1930) Cantos para soldados y sones para turistas (1937) España (1937)
Pablo Neruda (1904-1973)poesíaVeinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) Canto general (1950) Estravagario (1958)
Alejandro Carpentier (1904-1980)novelaEl reino de este mundo (1950) Los pasos perdidos (1953)
José Lezama Lima (1910-1976)poesía, novelaEnemigo rumor (1941) Paradiso (1966)
Octavio Paz (1914-1998)poesía, ensayoCuadrivio (1965) El signo y el garabato (1973) El laberinto de la soledad (1959) El arco y la lira (1967)
Nicanor Parra (1914-2018)poesíaPoemas y antipoemas (1954) Artefactos (1972) Hojas de parra (1985)
Juan Rulfo (1917-1986)cuento, novelaEl llano en llamas (1953) Pedro Páramo (1955)
Juan Carlos Onetti (1909-1994)novelaLa vida breve (1950) Los adioses (1966)
Julio Cortázar (1914-1984)cuento, novelaBestiario (1951) Final del juego (1956) Rayuela (1963)
José Donoso (1924-1996)cuento, novelaVeraneo y otros cuentos (1955) El obsceno pájaro de la noche (1970)
Gabriel García Márquez (1927-2014)cuento, novelaUn señor muy viejo con unas alas muy largas (1968) Cien años de soledad (1967) El coronel no tiene quien le escriba (1961)
Carlos Fuentes (1928-2012)cuento, novelaLos días enmascarados (1954) La muerte de Artemio Cruz (1962) Terra nostra (1975)
Guillermo Cabrera Infante (1929-2005)novelaTres tristes tigres (1964) La Habana para un infante difunto (1979)
Manuel Puig (1932-1990)novelaBoquitas pintadas (1969) El beso de la mujer araña (1976)
Mario Vargas Llosa (1936-)novelaLa ciudad y los perros (1963) Conversación en la catedral (1969) Pantaleón y las visitadoras (1973)

Lecturas

  1. Fragmento de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. 

  1. Fragmento de "Venus", de Rubén Darío

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

  1. Fragmento de No oyes ladrar los perros, de Juan Rulfo

Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
—No se ve nada.
—Ya debemos estar cerca.
—Sí, pero no se oye nada.
—Mira bien.
—No se ve nada.
—Pobre de ti, Ignacio.
La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante.
La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda.
—Ya debemos estar llegando a ese pueblo, Ignacio. Tú que llevas las orejas de fuera, fíjate a ver si no oyes ladrar los perros. Acuérdate que nos dijeron que Tonaya estaba detrasito del monte. Y desde qué horas que hemos dejado el monte. Acuérdate, Ignacio.
—Sí, pero no veo rastro de nada.
—Me estoy cansando.
—Bájame.

  1. Fragmento de "El poeta en la calle", de Augusto Monterroso

El domingo fui al parque. Bajo el sol y rodeado de arboles estaba el poeta, sobre una tarima de color indefinido y frente a unas cuarenta personas que lo escuchaban atentas o despreocupadas o corteses.
El poeta leía en voz alta unos papeles que sostenía con la mano izquierda, mientras con la derecha acentuaba las palabras ahí donde le parecía mejor. Cuando terminaba un poema se oía el aplauso del público, tan tenue y tan desganado que casi podía tomarse como una desaprobación. El sol daba con entusiasmo en las cabezas de todos, pero todos habían encontrado la manera de defenderse de él poniéndose encima de los programas. Una niñita de tres años y medio señaló riéndose este hecho a su padre, quien también se rió, al mismo tiempo que admiraba para sus adentros la inteligencia de su hija.
El poeta, vestido un poco fuera de moda, continuaba leyendo. Ahora se ayudaba con el cuerpo y estiraba los brazos hacia delante, como si de su boca lanzara al público en lugar de palabras, alguna otra cosa, tal vez flores, o algo, aunque el público, atento a guardar el equilibro para no dejar caer los programas de las cabezas, no correspondiera en forma debida al ademán.

  1. Fragmento de "El otro yo" , de Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

  1. Fragmento de El astillero, de Juan Carlos Onetti

Hace cinco años, cuando el Gobernador decidió expulsar a Larsen (o Juntacadáveres) de la provincia, alguien profetizó, en broma e improvisando, su retorno, la prolongación del reinado de cien días, página discutida y apasionante aunque ya casi olvidada— de nuestra historia ciudadana. Pocos lo oyeron y es seguro que el mismo Larsen, enfermo entonces por la derrota, escoltado por la policía, olvidó en seguida la frase, renunció a toda esperanza que se vinculara con su regreso a nosotros.
De todos modos, cinco años después de la clausura de aquella anécdota, Larsen bajó una mañana en la parada de los «omnibuses» que llegan de Colón, puso un momento la valija en el suelo para estirar hacia los nudillos los puños de seda de la camisa, y empezó a entrar en Santa María, poco después de terminar la lluvia, lento y balanceándose, tal vez más gordo, más bajo, confundible y domado en apariencia.

  1. Fragmento de "Réquiem con tostadas", de Mario Benedetti

Sí, me llamo Eduardo. Usted me lo pregunta para entrar de algún modo en conversación, y eso puedo entenderlo. Pero usted hace mucho que me conoce, aunque de lejos. Como yo lo conozco a usted. Desde la época en que empezó a encontrarse con mi madre en el café de Larrañaga y Rivera, o en éste mismo. No crea que los espiaba. Nada de eso. Usted a lo mejor lo piensa, pero es porque no sabe toda la historia. ¿O acaso mamá se la contó? Hace tiempo que yo tenía ganas de hablar con usted, pero no me atrevía. Así que, después de todo, le agradezco que me haya ganado de mano. ¿Y sabe por qué tenía ganas de hablar con usted? Porque tengo la impresión de que usted es un buen tipo. Y mamá también era buena gente. No hablábamos mucho de ella y yo. En casa, o reinaba el silencio, o tenía la palabra mi padre. Pero el Viejo hablaba casi exclusivamente cuando venía borracho, o sea casi todas las noches, y entonces más bien gritaba. Los tres le teníamos miedo: mamá, mi hermanita Mirta y yo. Ahora tengo trece años y medio, y aprendí muchas cosas, entre otras que los tipos que gritan y castigan e insultan, son en el fondo unos pobres diablos. Pero entonces yo era mucho más chico y no lo sabía. Mirta no lo sabe ni siquiera ahora, pero ella es tres años menor que yo, y sé que a veces en la noche se despierta llorando. Es el miedo. ¿Usted alguna vez tuvo miedo? 

Referencias

  • Franco, J. (1973). Historia de la literatura hispanoamericana. Ariel.
  • Franco Boughouls, M. (2004). Literatura hispanoamericana. Limusa.
  • Oviedo, J. M. (2012). Historia de la literatura latinoamericana. Alianza.
  • The Encyclopaedia Britannica. (s. f.). “Latin American literature”. https://www.britannica.com

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Ejercicio: Literatura hispanoamericana

Cómo citar

"Literatura hispanoamericana". Autor: Gilberto Farías. De: Argentina. Para: Enciclopedia del Lenguaje. Disponible en: https://lenguaje.com/literatura-hispanoamericana/. Última edición: diciembre 11, 2023. Consultado: abril 9, 2024. Año: 2023.

Sobre el autor

Autor: Gilberto Farías

Licenciado en Letras (Universidad Central de Venezuela)

Revisado por: Inés Iraeta

Licenciada en Comunicación Periodística (Universidad Católica Argentina)

Última edición: diciembre 11, 2023

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