Narrador equisciente

El narrador equisciente es aquel cuyo conocimiento es equivalente al de uno de los personajes de la historia, por lo general, su protagonista.

Ejemplo de narrador equisciente:

Alicia lo siguió, sin pensar en cómo se las arreglaría para salir de allí. Durante un trecho la madriguera se extendía como un túnel; después se hundió repentinamente, tan repentinamente que Alicia no tuvo tiempo para pensar en detenerse antes de caer por lo que parecía ser un pozo muy profundo. (...)

Abajo, abajo, abajo. No cabía otra cosa, y así pues Alicia comenzó a hablar de nuevo.

—¡Dina va a extrañarme mucho esta noche! —(Dina era la gata)—. Ojalá se acuerden de su plato de leche a la hora del té! Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.

(Traducción: Delia Pasini)

El narrador equisciente relata en tercera persona los acontecimientos de la historia, así como los pensamientos, emociones e intenciones de uno de los personajes. De modo que este tipo de narrador, que se encuentra fuera de los acontecimientos narrados, cuenta la historia siguiendo a este personaje, y solo conoce aquellas cosas que le suceden a él.

A diferencia del narrador omnisciente, que conoce el pasado y el futuro y puede penetrar en las mentes de todos los personajes, el narrador equisciente tiene una mirada restrictiva respecto de los acontecimientos, cuyo punto de vista parcial se corresponde con el de uno de los personajes. Sin embargo, no debe confundirse con el narrador protagonista, dado que este relata los hechos en primera persona.

Importante: Es clave distinguir los conceptos de narrador y de autor. El narrador es la voz que relata la historia, es decir, una entidad ficticia creada por el autor. En cambio, el autor es el escritor del texto, que decide entre muchas otras cosas qué tipo de narrador va a utilizar.

Características del narrador equisciente

Las características del narrador equisciente son:

  • Narra los acontecimientos desde los pensamientos e intenciones de un personaje particular, por lo general, el protagonista de la historia, con quien se identifica.
  • Es externo y no es un personaje de la historia, por lo cual, su mirada tiende a la objetividad y se limita a mostrar a los personajes en movimiento, sin alterar el ritmo de la acción.
  • No tiene acceso a los pensamientos ni las intenciones de los otros personajes, solo puede realizar conjeturas sobre estos.
  • Posee una visión parcial y limitada de la historia.
  • Desarrolla la historia de forma progresiva, contando lo que va experimentando con los sentidos (oído, vista, tacto, olfato y gusto) como si se tratara de una cámara cinematográfica.
  • Se diferencia de los otros dos narradores en tercera persona: el narrador omnisciente, que tiene un conocimiento mayor que el de los personajes, y el narrador deficiente, que tiene menos información que uno de los personajes.

Importante: Una de las ventajas del narrador equisciente es que, al no tener toda la información de antemano, el autor puede generar más giros en la trama, a medida que el personaje va adquiriendo más conocimientos sobre los hechos.

Un claro ejemplo de este tipo de narrador son los relatos policiales o detectivescos, en los que se narran los hechos de la mano del detective que investiga el caso y va manteniendo el suspenso a lo largo de la historia.

Ejemplos de narrador equisciente

  1. Fragmento de “La metamorfosis”, de Franz Kafka (traducción: Jorge Luis Borges)

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.

—¿Qué me ha sucedido?

No soñaba, no. Su habitación, una habitación de verdad, aunque excesivamente reducida, aparecía como de ordinario entre sus cuatro harto conocidas paredes. Presidiendo la mesa, sobre la cual estaba esparcido un muestrario de paños —Samsa era viajante de comercio—, colgaba una estampa ha poco recortada de una revista ilustrada y puesta en un lindo marco dorado. Representaba esta estampa una señora tocada con un gorro de pieles, envuelta en un boa también de pieles, y que, muy erguida, esgrimía contra el espectador un amplio manguito, asimismo de piel, dentro del cual desaparecía todo su antebrazo.

Gregorio dirigió luego la vista hacia la ventana; el tiempo nublado (sentíanse repiquetear en el cinc del alféizar las gotas de lluvia) infundióle una gran melancolía.

—Bueno —pensó —; ¿qué pasaría si yo siguiese durmiendo un rato y me olvidase de todas las fantasías? —Mas era esto algo de todo punto irrealizable, porque Gregorio tenía la costumbre de dormir sobre el lado derecho, y su actual estado no le permitía adoptar esta postura. Aunque se empeñaba en permanecer sobre el lado derecho, forzosamente volvía a caer de espaldas. Mil veces intentó en vano esta operación; cerró los ojos para no tener que ver aquel rebullicio de las piernas, que no cesó hasta que un dolor leve y punzante al mismo tiempo, un dolor jamás sentido hasta aquel momento, comenzó a aquejarle en el costado.

  1. Fragmento de “La noche boca arriba”, de Julio Cortázar

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.

Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en las piernas. “Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado…”; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.

  1. Fragmento de La celosía, de Alain Robbe-Grillet (traducción: Juan Antonio Rero)

Ahora, A… ha penetrado en el cuarto, por la puerta interior que comunica con el pasillo central. A… no mira hacia la ventana, abierta de par en par, por la que —desde la puerta— podría ver ese ángulo de la terraza. Ahora se vuelve hacia la puerta para cerrarla de nuevo. Continúa luciendo el mismo traje claro, muy ajustado, y de cuello recto, que lucía durante el almuerzo. Christiane, otra vez más, le ha indicado qué ropas menos ceñidas consiguen hacer soportar mejor el calor. Pero A… se ha limitado a sonreír; el calor no la molestaba, pues había conocido climas mucho más cálidos —en África, por ejemplo— y siempre se había encontrado perfectamente en ellos. (...)

Más la mirada que, desde el centro de la habitación pasa sobre la balaustrada, no alcanza la tierra hasta mucho más lejos, en la ladera contraria del valle, entre los plátanos de la plantación. (...)

Apoyada en la puerta interior que acaba de volver a cerrar, A…, sin pensarlo, observa la madera despintada de la balaustrada, luego, más próximo, el marco despintado de la ventana y, luego, más cerca aún, la madera fregada del suelo.

Pasea por la habitación y se acerca a la gran cómoda, cuyo cajón superior abre. Rebusca entre los papeles, en la parte derecha del cajón, se agacha y, para ver mejor su fondo, tira un poco más hacia ella la cubeta.

  1. Fragmento de La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa

Cava alargó la mano, tocó dos objetos fríos, uno de ellos áspero. Conservó en la mano la linterna, guardó la lima en el bolsillo del sacón.

—¿Quiénes son los imaginarias? —preguntó Cava;

—El poeta y yo.

—¿Tú? -Me reemplaza el Esclavo.

—¿Y en las otras secciones?

—¿Tienes miedo?

Cava no respondió. Se deslizó en puntas de pie hacia la puerta. Abrió uno de los batientes, con cuidado, pero no pudo evitar que crujiera.

—¡Un ladrón! -gritó alguien, en la oscuridad— ¡Mátalo, imaginaria!

Cava no reconoció la voz. Miró afuera: el patio estaba vacío, débilmente iluminado por los globos eléctricos de la pista de desfile, que separaba las cuadras de un campo de hierba. La neblina disolvía el contorno de los tres bloques de cemento que albergaban a los cadetes del quinto año y les comunicaba una apariencia irreal. Salió. Aplastado de espaldas contra el muro de la cuadra, se mantuvo unos instantes quieto y sin pensar. Ya no contaba con nadie; el Jaguar también estaba a salvo. Envidió a los cadetes que dormían, a los suboficiales, los soldados entumecidos en el galpón levantado a la otra orilla del estadio. Advirtió que el miedo lo paralizaría si no actuaba. Calculó la distancia: debía cruzar el patio y la pista de desfile; luego, protegido por las sombras del descampado, contornear el comedor, las oficinas, los dormitorios de los oficiales y atravesar un nuevo patio, éste pequeño y de cemento, que moría en el edificio de las aulas, donde habría terminado el peligro: la ronda no llegaba hasta allí. Luego, el regreso. Confusamente, deseó perder la voluntad y la imaginación y ejecutar el plan como una máquina ciega. Pasaba días enteros abandonado a una rutina que decidía por él, empujado dulcemente a acciones que apenas notaba; ahora era distinto, se había impuesto lo de esta noche, sentía una lucidez insólita.

  1. Fragmento de Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie (traducción: E. Machado-Quevedo)

Las cinco de la mañana es una hora horrorosamente intempestiva para subir a un tren. Faltaban todavía dos horas para el amanecer. Consciente de ello y complacido por una delicada misión satisfactoriamente cumplida, monsieur Poirot se arrebujó en un rincón y se quedó dormido.

Cuando se despertó eran las nueve y media y se apresuró a dirigirse al coche comedor en busca de café caliente.

Había allí solamente un viajero en aquel momento, evidentemente la joven inglesa a que se había referido el encargado. Era alta, delgada y morena; quizá de unos veintiocho años de edad. Se adivinaba una especie de fría suficiencia en la manera con que tomaba el desayuno, y el modo que tuvo de llamar al camarero para que le sirviese más café revelaba conocimiento del mundo y de los viajes. Llevaba un traje oscuro de tela muy fina, particularmente apropiada para la caldeada atmósfera del tren.

Monsieur Hércules Poirot, que no tenía nada mejor que hacer, se entretuvo en observarla sin aparentarlo.

Era, opinó, una de esas jóvenes que saben cuidarse de sí mismas dondequiera que estén. Había prestancia en sus facciones y delicada palidez en su piel. Le agradaron también sus ondulados cabellos de un negro brillante, y sus ojos serenos, impersonales y grises. Pero era, decidió, un poco demasiado presuntuosa para ser una jolie femme…

Tipos de narradores

Existen muchos tipos de narradores, que se clasifican de esta forma:

Narrador en primera persona

Utiliza la primera persona gramatical, ya sea del singular o del plural, y participa de los acontecimientos que narra. Puede ser:

  • Narrador protagonista. Se trata del personaje principal del relato, que narra su propia historia desde su punto de vista.
  • Monólogo o narrador interior. Relata la historia en primera persona para sí mismo, reflexionando sobre sus sentimientos y sobre los hechos. Dado que su objetivo no es informar al lector sobre la historia, su sintaxis y puntuación suele estar alterada.
  • Narrador testigo. Es un personaje de la historia, que relata los acontecimientos que observa, pero sin ser el protagonista. Existen tres tipos de narrador testigo: impersonal, presencial e informante.

Narrador en segunda persona

Utiliza la segunda persona gramatical, del singular o del plural. El narrador en segunda persona dirige su discurso a otra persona, ya se trate del lector o de otro personaje.

Narrador en tercera persona

Utiliza la tercera persona gramatical y no corresponde a un personaje de la historia que narra, es decir, se encuentra fuera de los acontecimientos. Narra los sucesos de forma objetiva sin ninguna alusión a sí mismo. Puede ser:

  • Narrador omnisciente. Tiene un conocimiento mayor que el de los personajes, por lo que sabe sobre su pasado y su futuro, sus intenciones y emociones.
  • Narrador equisciente. Tiene un conocimiento equivalente al de uno de los personajes, generalmente el protagonista.
  • Narrador deficiente. Tiene menos información que uno de los personajes, por lo que relata los hechos con muchísima limitación.

Referencias

  • Tacca, O. (1973). Las voces de la novela. Gredos.
  • Páez, E. (2010). Escribir. Manual de técnicas narrativas. Ediciones SM España.

Sigue con:

Ejercicio: narrador equisciente

Cómo citar

"Narrador equisciente". Autor: Vanesa Rabotnikof. De: Argentina. Para: Enciclopedia del Lenguaje. Disponible en: https://lenguaje.com/narrador-equisciente/. Última edición: marzo 19, 2024. Consultado: abril 9, 2024. Año: 2023.

Sobre el autor

Autor: Vanesa Rabotnikof

Licenciada en Letras (Universidad de Buenos Aires). Especialización en Edición (Universidad Nacional de La Plata).

Revisado por: Inés Iraeta

Licenciada en Comunicación Periodística (Universidad Católica Argentina)

Última edición: marzo 19, 2024

¿Te fue útil esta información?

No

    ¡Genial! Gracias por visitarnos :)