Generación del 80 o postnovísimos (España)

La generación de los 80 o postnovísimos fue un grupo de poetas españoles nacidos entre 1951 y 1965 que comenzó a publicar entre 1976 y 1980.

El nombre de generación del 80 fue otorgado por el crítico José Luis García Martín y el de postnovísimos por el escritor y crítico Luis Antonio de Villena. Este último, en 1986, publicó una antología en la cual reunió a doce poetas de la época: Leopoldo Alas Mínguez, Blanca Andreu, Felipe Benítez Reyes, Julia Castillo, José Gutiérrez, Julio Llamazares, Miguel Mas, Luis García Montero, Ángel Muñoz Petisme, Jorge Riechmann, Rafael Rosado e Illán Paesa (pseudónimo o heterónimo de Villena).

Villena definió a los postnovísimos como “una formación continuista y sin conciencia de grupo” porque sostenía que no tenían una estética dominante, pero sí muchas estéticas “dominadoras”. Buscaron sus maestros en la generación de los 50, entre ellos Jaime Gil de Biedma, y no en la tradición inmediatamente anterior.

Los postnovísimos comenzaron a despertar interés en el público cuando Blanca Andreu ganó el Premio Adonáis por su libro de poesía neosurrealista De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981).

Características de la generación de los 80 o los postnovísimos

Los postnovísimos se dividieron dentro de dos corrientes literarias con características diferentes:

  • Poesía de la experiencia. Surgió en 1983, con el manifiesto La otra sensibilidad, publicado por un grupo de autores de Granada: Luis García Montero, Javier Egea y Álvaro Salvador. Se mantuvo vigente hasta finales de los noventa. Sus principales características son su carácter urbano, el interés por lo cotidiano desde una estética realista, el intimismo y cierta crítica social.
  • Poesía de la diferencia. Comenzó a gestarse a mediados de la década de los ochenta y reunía a autores que no concordaban con la estética propuesta por la poesía de la experiencia. Por ende, su principal característica se halla en el subjetivismo y la heterogeneidad poética. Algunos de los autores que se inscriben dentro de esta poética son Ricardo Bellveser, José Lupiáñez y Antonio Enrique.

Autores y obras de la generación de los 80 o los postnovísimos

  1. Leopoldo Alas Mínguez (1962-2008). Los palcos (1988) y La condición y el tiempo (1992).
  2. Blanca Andreu (1959). De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1980) y Báculo de Babel (1982).
  3. Julia Castillo (1956). Tarde (1981) y El hombre fósil (1982).
  4. Julio Llamazares (1955). La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982).
  5. Miguel Mas (1955). Celebración de un cuerpo horizontal (1978) y La hora transparente (1985).
  6. Luis García Montero (1958). Tristia (1982) y El jardín extranjero (1983).
  7. Ángel Muñoz Petisme (1961). Cosmética y terror (1984) y El Océano de las Escrituras (1989).
  8. Julio Martínez Mesanza (1955). Europa (1983) y Las trincheras (1996).
  9. Carlos Marzal (1961). El último de la fiesta (1987) y La vida de frontera (1991).

Lecturas

  1. “Los automóviles” en Tristia (1982), de Luis García Montero

Los automóviles llegaron aquí un año de repente,
y con ellos el tiempo, hacia mil novecientos
cincuenta y ocho entonces.
Están los mismos tilos al borde del jardín,
los mismos ojos detrás de la ventana,
siempre conventual
a las fuentes vacías del invierno.
Nos fue dado el amor
de pronto por la vida y sus cosas pequeñas,
armarios diminutos donde encerrar la infancia.
                                                           ¿Recuerdas?
Era blanco el tejado, y se posan aún
de día las palomas
y sus ojos nos miran como un fuego tardío
cada vez que salimos huyendo de la casa.
Yo he buscado su piel en todas mis amantes,
la marejada rubia de sus hombros,
la formación de almendras que estallaba en su boca
y que luego ponía en las manos de él,
él, que estaba allí,
allí también entre nosotros,
como un inmenso capitán de plomo.

Yo me pregunto entonces si este rostro es mi rostro
o es la vieja pasión de una guerra perdida.
Dos minutos ahora para salir a escena.
Sentir sobre el escote
cómo arden los focos: canta,
canta para París
y para Siena,
tú que crees que el tiempo no es asunto
de tilos y palomas,
mi viejo capitán de plomo herido,
cierra tu dulce corazón desperdiciado
a las nieves de un parque,
como si amaneciese y abrieras la ventana
y por primera vez
notases que el invierno se ha convertido
en éxito.

  1. “Diecinueve horas” en Las flores del frío (1991), de Luis García Montero

¿Quién habla del amor? Yo tengo frío
y quiero ser diciembre.

Quiero llegar a un bosque apenas sensitivo,
hasta la maquinaria del corazón sin saldo.
Yo quiero ser diciembre.

Dormir
en la noche sin vida,
en la vida sin sueños,
en los tranquilizados sueños que desembocan
al río del olvido.

Hay ciudades que son fotografías
nocturnas de ciudades.
Yo quiero ser diciembre.

Para vivir al norte de un amor sucedido,
bajo el beso sin labios de hace ya mucho tiempo,
yo quiero ser diciembre.

Como el cadáver blanco de los ríos,
como los minerales del invierno,
yo quiero ser diciembre.

  1. “Primer día de vacaciones” en Habitaciones separadas (1994), de Luis García Montero

Nadaba yo en el mar y era muy tarde,
justo en ese momento
en que las luces flotan como brasas
de una hoguera rendida
y en el agua se queman las preguntas,
los silencios extraños.

Había decidido nadar hasta la boya
roja, la que se esconde como el sol
al otro lado de las barcas.

Muy lejos de la orilla,
solitario y perdido en el crepúsculo,
me adentraba en el mar
sintiendo la inquietud que me conmueve
al adentrarme en un poema
o en una noche larga de amor desconocido.

Y de pronto la vi sobre las aguas.

Una mujer mayor,
de cansada belleza
y el pelo blanco recogido,
se me acercó nadando
con brazadas serenas.
Parecía venir del horizonte.

Al cruzarse conmigo,
se detuvo un momento y me miró a los ojos:
no he venido a buscarte,
no eres tú todavía.

Me despertó el tumulto del mercado
y el ruido de una moto
que cruzaba la calle con desesperación.
Era media mañana,
el cielo estaba limpio y parecía
una bandera viva
en el mástil de agosto.
Bajé a desayunar a la terraza
del paseo marítimo
y contemplé el bullicio de la gente,
el mar como una balsa,
los cuerpos bajo el sol.
                                               En el periódico
el nombre del ahogado no era el mío.

  1. "Para ponernos nombre" en El jardín extranjero (1983), de Luis García Montero

Sólo más tarde se darían cuenta
de que los dos buscaban una historia
no demasiado cerca del amor,
tal vez alguna excusa
para mirar los árboles de enero
temblando sobre el parque,
atravesar las calles
de una ciudad tomada por los himnos
y la ropa de invierno
o verse acompañados
—ilusionadamente—
sobre el cristal celeste de los escaparates.

Fue quizá que los tiempos
sólo hacían posible
para un viejo soldado de todas las derrotas
matar la soledad entre los brazos
de una joven cantante de revista.

Y eran tiempos difíciles.
Mientras recuperaban
su olor a gato sucio los tejados,
ellos
cruzaban la ciudad vestida de uniforme,
soportaban el paso marcial de la soberbia,
recorrían las calles por entre las calesas,
pacientes y humillados,
buscando una pensión.

Sólo la lluvia deja
una pasión equívoca
en el banco vacío de los enamorados,
sólo la lluvia olvida
mentiras de charol sobre las calles
y un amor diminuto en cada esquina
para el labio que aprende su canción.

Acaso
era también pasar al contraataque

fingir felicidad,
estar ficticiamente enamorados
en medio del invierno,
decir que nada importa porque seguimos vivos,
porque aquí están tus ojos a pesar de los humos,
hechos para el amor, curtidos por la historia,
llenos de gozo siempre a toda costa.

Sólo un poco más tarde,
cuando la brisa ciega del sesenta
les hizo descubrir que envejecían,
supieron que era hermoso atardecer unidos,
abrazarse debajo de todas sus banderas,
vivir la intimidad que la derrota impuso
no demasiado cerca del amor,
porque la vida
tan fiel como una hermosa melodía
acabó siempre por darles su razón.

  1. “La fruta corrompida” en Los países nocturnos (1991), de Carlos Marzal

A Vicente Gallego

Durante un meditado desayuno,
en una portentosa mañana de verano
—lo gloria de un verano escolar y salvaje—,
pelé la fruta lento, fervoroso.

Sabía ya que el verano y la fruta
son tesoros a flote de un paraíso hundido.
Y cuando satisfecho la mordí,
apareció su hueso descompuesto,
su carne corrompida y su gusano.

Para la mayor parte de este mundo,
una anécdota así no es más que un accidente
del mundo natural, y para otros
una amarga metáfora
en donde se resume la existencia.
Quién sabe...

                                    Ahora recuerdo
aquella noche en que me desperté
confundido de un sueño en donde había agua,
y encaminé mi sed a la cocina.
Como un resucitado di la luz,
llevé mi aturdimiento al fregadero
aproximé mis labios hasta el agua
y, justo en el instante en el que fui a beber,
alcé la vista y vi a la cucaracha sobre el grifo,
observándome, ciega, entre los ojos.

Quién sabe, otro accidente...

                                                        Aquella cucaracha
todavía me observa, complacida,
detrás de la mirada de algún tipo,
desde detrás de los absurdos límites
de la podrida carne de los días.

  1. “Felices los felices” en Fuera de mí (2004), de Carlos Marzal

Felices los felices,
los más fuertes,
los timoneles de su mar propicio,
los de la risa madre de lo propio,
los ilesos del poso de la vida,
los ilusos del paso de los sueños.
Ya estaban en su orilla y nos llamaban,
los desde siempre en pos,
los más alerta,
los embebidos del primer aroma,
los del cristal de aumento sobre nada,
los de la lupa en paz del sol desnudo.
Nos honran con su luz los atrevidos,
los de la desmesura,
los radiantes de ser nos enaltecen.
Los trágicos alegres en su cáliz.
Dichosos los dichosos en su dicha,
los del humor febril del universo,
los simples partidarios, los devotos,
los de la pura razón voluptuosa.
Los dilapidadores nos redimen,
los héroes terrestres, los sin culpa,
los de ya no caber en sí de gozo,
los en su misma esencia,
los posesos.
Y felices nosotros,
sus discípulos.
Por lamernos en miel la llaga viva,
por extasiados en el tiempo amigo,
por aprendices de este amor demente.

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Ejercicios: generación del 80

Referencias

  • del Puig Andres, M. (2006). Ultramodernos y transgeneracionales: la renovacion interior de los postnovisimos en la poesia española (Doctoral dissertation, University of Georgia). UGA
  • Martínez Borobio, E. (2016). Editoriales y publicaciones periódicas en la configuración de un grupo hegemónico:" la poesía de la experiencia". Vol. I. UB

Cómo citar

"Generación del 80 o postnovísimos (España)". Autor: Vanesa Rabotnikof. De: Argentina. Para: Enciclopedia del Lenguaje. Disponible en: https://lenguaje.com/generacion-del-80-o-postnovisimos-espana/. Última edición: noviembre 17, 2023. Consultado: noviembre 28, 2023. Año: 2023.

Sobre el autor

Autor: Vanesa Rabotnikof

Licenciada en Letras (Universidad de Buenos Aires). Especialización en Edición (Universidad Nacional de La Plata).

Revisado por: Inés Iraeta

Licenciada en Comunicación Periodística (Universidad Católica Argentina)

Última edición: noviembre 17, 2023

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